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1792, erupción menor
Se debe en las labores de búsqueda del profesor Alfred Lacroix en 1902 la relación de esta erupción freática.Ésta en efecto no había dejado ningún rastro en la memoria colectiva en Martinica.

La actividad del monte Pelée en enero de 1792 se describe en el testimonio del "ciudadano" Dupuguet, publicado en el "Diario de las Minas" en 1795.

"La Azufrera de la Martinica se sitúa en el monte Pelée a cuyo más elevado pico se midió por el ciudadano Dupuguet, que encontró su subida de 736 toesas. Desde el descubrimiento de América, no no había erupciones en este lugar. Se observan sin embargo, a la altura de 500 toesas, distintos cráteres que certifican de la acción de los fuegos subterráneos. La erupción que se manifestó el 22 de enero de 1792, se acompañó de una bastante violenta sacudida de terremoto. Pronto un fuerte olor de azufre se extendió hasta la vivienda de la ciudadana Montaval, que, informada por allí de este acontecimiento, tuvo el valor de volverse en el lugar.

La tierra se tamizaba de agujeros por los cuales la erupción se había hecho. Los árboles habían sufrido la acción del el fuego, diecinueve zarigüeyas (Didelphis opossum) y varios pájaros, sorprendidos en el círculo de la explosión habían seguido siendo muerta sobre el lugar.

Algunos habitantes volvieron cinco meses más tarde. Se encontraron zarigüeyas que parecían muertos desde la primera explosión. La ciudadana Montaval había oído, en efecto, dos meses antes, un ruido similar a un golpe de cañón que venía por este lado, y procedía pensar que había una nueva erupción. Los árboles, los helechos sobre todo, se trituraban abundantemente de azufre; se cubrían todas las rocas."

El fenómeno no presenta, a juzgar por la actitud de las poblaciones vecinas, nada demasiado alarmante. Ha sido más bien una fuente de curiosidad, y en consecuencia una atracción para los habitantes.