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La erupción de 1851-1852

 

Fue una erupción menor de tipo freática que no ha causado daños particulares, pero  constituyó una referencia principal para los Martinicanos en esta época. La interpretación de esta actividad eruptiva permite explicar la pasividad de la población y de las autoridades en 1902.



Una grande emoción

 

El testimonio más completo de los acontecimientos de 1851-1852 es un informe encargado por las autoridades locales con el fin de aliviar la emoción generada por la erupción freática.

El documento se publicó en el Boletín Oficial de la Martinica bajo el título: "acta de la misión de exploración de los cráteres del monte Pelé" (Compte-rendu de la mission d'exploration des cratères de la montagne Pelée).

 Parece que en esta época el monte Pelée en absoluto no se percibe como que puede presentar cualquier amenaza para los habitantes de la región.

 Una tradición sin fundamento histórico, obviamente puesto que remonta más allá del establecimiento Europeos en las islas, pero muy impresa en los espíritus, decía que el monte Pelé había sido la sede de un volcán. La forma cónica de este monte, particular a todas las montaña dónde este gran fenómeno se ha manifestado, el epíteto de Pelé (=Pelado) dado a su cima, la existencia en este punto de un lago que podía pasar para un antiguo cráter, la presencia de la piedra pómez en el terreno en una radiación de varios lugares, todo ayudaba a la tradición, y rodeaba el monte Pelé de este respeto que el hombre paga a las cosas que le dan miedo.

Se sabía también que en una de las gargantas de esta montaña, había un lugar donde se encontraba azufre y que para eso era llamado por los habitantes vecinos la azufrera.

El estallido de monte Pelé, el 5 de agosto de 1851 suscitó mucha emoción en el norte de Martinica. Así se asistió a verdaderas escenas de fuga de las poblaciones de las campañas del Prêcheur y Saint-Pierre en dirección de los lugares de culto.

(...)
Sin embargo el 5 de agosto Saint-Pierre se había dormido pacíficamente, la ciudad estaba en este primer sueño tranquilo y profundo, que le garantizan los trabajos del día y la monotonía de su vida habitual ¡si algún estaba soñando volcán, ciertamente no estaba al volcán del monte Pelée!

Ninguna señal en la naturaleza indicaba el enfoque de una convulsión tan formidable que la erupción de un volcán. Hacia la undécima hora de la noche, un ruido sordo, alejado, siniestro, comenzó a hacerse oír; en el primer momento cada uno lo confundió con el ruido, cuya práctica tenía, éste con el ruido del trueno, aquél con el vapor, cuando la válvula de la máquina del steamer está abierta, o con el rodamiento de un río que desborda; pero el ruido que no termina y que al contrario va al aumentar, mucho se despertó y comenzó a preocuparse.

 

 
El crater activo

 

Se nombraba a una comisión científica y se organizó una expedición hacia el centro eruptivo.

(...)
A medida que se sube la capa de lodo se hace más grueso, y se traslada difícilmente. ¡Desdicha a los malos zapatos! Al mismo tiempo lo detiene que seguíamos nos estrechábamos: llegó un momento en que teníamos al Este, a mano derecha lo arruga del río Blanche y al Oeste, a mano izquierda lo arruga del río Claire.

(...)
Entonces pudimos comtemplar en toda su amplitud y en todo su horror los efectos de la erupción del 5 de agosto. El verdor desapareció de estos lugares de los cuales eran antes la sede eterna. Árboles, hojas, flores se envuelve todo como en una cubierta grisácea. Es la tristeza del invierno con sus árboles desnudados y ensuciados por una nieve negra.(...)

Un silencio lúgubre, un cielo obscurecido por vapores, una atmósfera encargado de un fuerte olor de hidrógeno sulfuroso, completa esta digna escena del Tártaro.

La cuesta de la arruga, sede de esta desolación, es muy rápida; corre del Este al oeste, desde la cumbre del pico del monte Pelée designado bajo el nombre de Morne-Lacroix, pero el suelo no se une se entrecruza de varios acantilados, eso y allí en medio del color gris general, se descubren algunos rasgones donde el suelo es desnudo, son desmoronamientos producidos quizá, por los vapores del volcán o, por las sacudidas que debió imprimir a la tierra.

(...) En cumbre del valle se elevan dos gavillas de un humo blancuzco que indica la presencia de dos bocas volcánicas que pagan sobre el valle y los lugares de alrededores el lodo que los cubre (...) una altura barométrica tomada en estos lugares dio una subida de 966 metros sobre el nivel del mar.

Entonces paseando una mirada sobre esta escena de desolación, consideramos que la acción de la erupción volcánica se había ejercido en un perímetro de más de 8 a 900 metros.

 

 

 
Interpretación errónea

 

Las manifestaciones eruptivas van a disminuir progresivamente para desaparecer durante el año 1852. Pero, las conclusiones de la comisión científica dejan perplejo; explican en parte las reacciones que condujeron al drama de 1902.

Lo que podemos afirmar: Es que la erupción del 5 de agosto fue un acontecimiento muy local, limitado esta vez a la arruga dicha río Claire, y cuyos efectos no se hacen ver a lo sumo más que en una era de 8 a 9 ciento metros.

(...) Que las cenizas o lodos son las únicas materias rechazadas por el volcán. Que no encontramos ni lavas ni rocas incluso de la más pequeña dimensión que pudieran informarse a la erupción. Que la constitución geológica de la Montaña-Pelar hecha rápidamente es verdadero, y con conocimientos limitados, no hizo ver flujos de lava (...). Estas lavas existen sobre todo en la vecindad de los volcanes que vomitan fuego.

Que esta constitución geológica del monte Pelé lleva a pensar que las erupciones anteriores cuya esta montaña pudo ser la sede (erupciones cuyos cráteres se encuentran al menos dos, el del Etang Sec y el lago actual.) debieron ser de la misma naturaleza que la erupción del 5 de agosto. Que todo certifica que debemos classificar el monte Pelée entre los volcanes de cenizas y lodo y no de los volcanes de fuego.

 Que el monte Pelée examinado en todos los sentido no presentó ni rajas, ni desmoronamiento, ni desplazamiento de aguas, que por lo tanto la acción de la erupción del 5 de agosto fue muy circunscrita.

Que la ciudad de Saint-Pierre ubicada a más de 10 kilómetros y el burgo de Prêcheur a 7 kilómetros parecen tener nada que temer de las erupciones, incluso mucho más considerables de la que acaba de tener lugar.

Que nada en el suelo en el cual se basan esos establecimientos indica grandes convulsiones: que para alcanzar la vivienda Ruffin y la vivienda Eynard que son los más próximos a las bocas, sería necesario suponer un desorden bien diferentemente importante que el que existió.

Que las materias vomitadas por las bocas actuales ni siquiera alcanzaron en la vecindad de estas bocas una altura de más de un metro; que encuentran por la cuesta general del lugar y por la excavación del río Blanche una salida natural en la cama de este río que los lleva al mar. Por eso los agricultores de las viviendas que habían huido en la primera sorpresa excitada por la erupción, desde recuperaron sus residencias, y se suministran a sus trabajos, sin tener cuidado con las detonaciones que tienen lugar de vez en cuando, no que al olor de hidrógeno sulfurado que se hace sentir continuamente.

(...)
Pues en resumen el volcán de monte Pelée parece deber ser una curiosidad a añadir a la historia natural de nuestra Martinica, curiosidad que los extranjeros querrán visitar y que por la industria de los habitantes quizá una fuente de salud y riqueza. Por tiempo calma los buques que llegan de Francia y que ven ondular este largo penacho de humo blanco, que se eleva derecho hacia el cielo, deben encontrar que es una decoración pintoresca añadida al país y el complemento que faltaba a la majestad de nuestro viejo monte Pelée.

Esta interpretación será pesada de consecuencias cerca de 50 años más tarde, puesto que consolidará numerosos habitantes de Saint-Pierre y la región Septentrional en un sentimiento ilusorio de seguridad.

 

 

 
 
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