|
Página 1 de 3 El testimonio más completo de los acontecimientos de 1851-1852 es un informe encargado por las autoridades locales con el fin de aliviar la emoción generada por la erupción freática.
El documento se publicó en el Boletín Oficial de la Martinica bajo el título: "acta de la misión de exploración de los cráteres del monte Pelé" (Compte-rendu de la mission d'exploration des cratères de la montagne Pelée). Parece que en esta época el monte Pelée en absoluto no se percibe como que puede presentar cualquier amenaza para los habitantes de la región. Una tradición sin fundamento histórico, obviamente puesto que remonta más allá del establecimiento Europeos en las islas, pero muy impresa en los espíritus, decía que el monte Pelé había sido la sede de un volcán. La forma cónica de este monte, particular a todas las montaña dónde este gran fenómeno se ha manifestado, el epíteto de Pelé (=Pelado) dado a su cima, la existencia en este punto de un lago que podía pasar para un antiguo cráter, la presencia de la piedra pómez en el terreno en una radiación de varios lugares, todo ayudaba a la tradición, y rodeaba el monte Pelé de este respeto que el hombre paga a las cosas que le dan miedo. Se sabía también que en una de las gargantas de esta montaña, había un lugar donde se encontraba azufre y que para eso era llamado por los habitantes vecinos la azufrera. El estallido de monte Pelé, el 5 de agosto de 1851 suscitó mucha emoción en el norte de Martinica. Así se asistió a verdaderas escenas de fuga de las poblaciones de las campañas del Prêcheur y Saint-Pierre en dirección de los lugares de culto. (...) Sin embargo el 5 de agosto Saint-Pierre se había dormido pacíficamente, la ciudad estaba en este primer sueño tranquilo y profundo, que le garantizan los trabajos del día y la monotonía de su vida habitual ¡si algún estaba soñando volcán, ciertamente no estaba al volcán del monte Pelée! Ninguna señal en la naturaleza indicaba el enfoque de una convulsión tan formidable que la erupción de un volcán. Hacia la undécima hora de la noche, un ruido sordo, alejado, siniestro, comenzó a hacerse oír; en el primer momento cada uno lo confundió con el ruido, cuya práctica tenía, éste con el ruido del trueno, aquél con el vapor, cuando la válvula de la máquina del steamer está abierta, o con el rodamiento de un río que desborda; pero el ruido que no termina y que al contrario va al aumentar, mucho se despertó y comenzó a preocuparse.
|